Entrevistamos a Juliana Verdenelli, compiladora de “Ni adentro ni afuera”. ¡Últimos días para obtener tu preventa!
Este fin de semana volvemos a Mar del Plata para participar de INVIERNO – Feria de Editoriales y Cultura Gráfica [Teatro Auditorium, MDP, 13 y 14 de junio, 14 a 21 hs, entrada libre y gratuita].
Vamos con todo el catálogo de Filosurfer y con varias novedades. Entre ellas, la segunda edición de Ni adentro ni afuera. Articulaciones entre teoría y práctica en la escena del arte, que ya se encuentra en preventa, y la reimpresión de Parte de un todo, de María Manuela Sáez, que vuelve a estar disponible después de haberse agotado. Un libro escrito literalmente en el mar. Una bitácora nacida a bordo del velero Tupac Amaru, durante una travesía por el Atlántico Sur.
Mientras preparábamos las cajas para el viaje, nos encontramos pensando en algo que atraviesa estos libros de maneras muy distintas: el movimiento. El movimiento de los cuerpos, de las ideas, de las prácticas, de las preguntas. El movimiento del mar. En eso, nos encontramos con la difusión de un taller de escritura y movimiento llamado Surfear la ola, coordinado por Juliana Verdenelli en Valencia, España. Juliana es una de las compiladoras de Ni adentro ni afuera. Le enviamos algunas preguntas sobre el mar, la escritura, el cuerpo y la investigación artística. Su respuesta terminó uniendo todos esos territorios mucho mejor de lo que podríamos haber hecho nosotros.
La compartimos a continuación.
“A mí me mueve el mar. Lo digo así, de entrada, con Pina Bausch en la cabeza: ella decía que no le interesaba cómo se mueve la gente, sino qué es lo que la mueve. A mí me mueve el mar. Cualquier situación, cualquier estado de ánimo, cualquier estación. Todos los caminos me conducen ahí. El mar es parte de lo que soy, es mi paisaje interior. Si visito mi infancia, voy directo al mar de Monte Hermoso, la ciudad con playa que quedaba cerca de mi ciudad natal, Bahía Blanca. Juntar basura en la costa para cuidar el planeta, jugar al tejo con desconocidos de cualquier edad, buscar caracoles con un balde, enterrar tesoros para después sorprenderme al encontrarlos , hacer pozos con el plan de llegar a China, comer cubanitos rebozados con arena, armar canales alrededor de un castillo…
En la adolescencia, la distancia de rescate se estira todavía más: ya me dejan ir sola a tomar un helado con amigas, caminar hasta el espigón, meterme al agua hasta la cintura sin un adulto mirándome desde la orilla. Después vienen los fogones nocturnos, los primeros besos despeinada y con un buzo que me queda grande, los amaneceres con mate y facturas calentitas como premio por haberlo dado todo en la pista de baile, los libros humedecidos y con olor a sal.
Mi mundo propio aparece desde ahí, desde esas imágenes que me habitan como olas que me mueven a escribir. Siempre dije que quería envejecer cerca del mar. Quizás por eso me embarqué en la aventura de cruzar océanos en familia, desde el Río de la Plata hasta el Mediterráneo. Después de años de deriva, recalé en Valencia.
El taller Surfear la ola nace en el marco de una propuesta de Casa Lenta. Con motivo del Día Mundial de los Océanos, este espacio impulsado por Alicia Ortuño convierte el mes de junio en una invitación a mirar el mar desde la ciudad, a través de una programación cultural y experiencial que integra yoga, surf, conciencia ambiental, divulgación científica, cine, movimiento y escritura.
Empezar un proceso creativo es como meterse a la vastedad del mar. A veces el agua está calentita y te invita a entrar. Otras, está fría y adentrarse requiere osadía. Hay días en que el mar está planchado, delimitado solo por una línea en el horizonte: así da gusto meterse. Y días en que el agua está turbia de tanto revuelo y el viento azota la arena en las piernas. Ahí lo mejor es irse y volver otro día: basta de romantizar tanto el sacrificio.
Me di cuenta de que mi ritmo de escritura tiene algo de mar. A veces las imágenes y las sensaciones aparecen como olas que me tapan: escribo para poder sacar la cabeza del agua y respirar. Otras veces puedo ver venir la ola a lo lejos y me encuentra preparada, lista y con la tabla en la mano. Me subo y la barreno hasta que se agota. Esas son las olas que más disfruto: me quedo entusiasmada, encendida, esperando victoriosa a que llegue la próxima. El tema es que la suerte es fugaz. Hay veces que estoy arriba de la tabla esperando y las olas no llegan: el mar planchado. Otras, el mar está picado, la ola arremete y me agarra distraída. Me empuja con fuerza la muy traicionera. Y entonces trago agua salada a regañadientes y me dejo revolcar hasta la orilla: no queda otra.
El cansancio después de un día de playa se parece mucho al cansancio después de terminar un proceso creativo: el cuerpo se siente liviano, tibio y blandito. Cierro los ojos y puedo sentir el calor de los pies en la arena, el susurro del mar, el placer de la piel y los pelos endurecidos por la sal.”
¿Qué tienen en común una ola, una danza y una idea?
“Las tres son efímeras. No se pueden guardar, coleccionar ni detener. Existen solo en el transcurso, en el mientras-tanto. Una ola no es agua: es un movimiento que pasa a través del agua. Una danza no es un cuerpo: es algo que atraviesa el cuerpo y lo transforma mientras dura. Una idea tampoco es un pensamiento fijo: es un flujo que se propaga, que toca algo y lo deja distinto.
Surfear una ola exige leer el mar, anticipar, soltarse en el momento justo. Bailar exige escuchar algo más grande que uno mismo y responderle con el cuerpo. Y una idea, cuando llega de verdad, pide lo mismo: que la recibas, que te dejes mover por ella, que no la agarres tan fuerte como para ahogarla. Las tres también tienen ritmo, cresta y caída. Ninguna sostiene su pico para siempre. Y quizás ahí esté la enseñanza más difícil: no se trata de atrapar la ola, sino de acompañarla hasta donde llega. Soltar a tiempo es parte del arte.
Pienso todo esto y pienso también en nuestra columna vertebral. En términos evolutivos, somos herederas de una larga cadena de vertebrados: seres anfibios que salieron del agua y se arrastraron por el suelo. Una columna repleta de curvas y movimiento, como olas adentro. Una cabeza que surca el espacio y guía el desplazamiento como un pez en el agua. Llevamos el mar incorporado, literalmente.
Y esa cualidad anfibia también está en el libro Ni adentro ni afuera, que compilamos colectivamente en 2013 con un grupo de investigadoras de las artes escénicas. Un libro que no está ni dentro ni fuera del arte, ni dentro ni fuera de la academia, sino exactamente en esa zona de rompiente donde ninguna de las dos categorías termina de aplicar. Como quien está sentada en la orilla: con los pies en el agua y el cuerpo en la arena.
En 2013 recién daba mis primeros pasos académicos. Todavía no había ganado la beca doctoral y mis preguntas sobre el cuerpo y la investigación en artes vivas comenzaban con muchas ganas de armar una red de contención en ese mar abierto en el que me sentía bastante sola y perdida.
Desde entonces fui entendiendo que no había otra forma: ir mar adentro con otras, sin separar investigación de creación. Para mí, la práctica artística también es una forma de investigar, un lenguaje que me permite habitar preguntas y acompañar lo que se despliega. Ni adentro ni afuera fue fundante en ese sentido: una apuesta colectiva a que teoría y práctica podían conversar, enredarse, nutrirse mutuamente. Como un collage, como una red, como un cardumen de peces moviéndose al unísono.
Hoy miro ese libro con ternura y con orgullo. Con la misma mirada con que recuerdo esos veranos en Monte Hermoso: todo estaba empezando, y sin saberlo estábamos construyendo algo que iba a durar. Como decía Heráclito, nadie se baña dos veces en el mismo río —aunque yo prefiero decir: en el mismo mar—. El libro es el mismo, pero las que lo leen —y las que lo escribimos— ya somos otras. Y sin embargo, algo persiste, algo regresa suave como olita que no tiene apuro.
La certeza, quizás, de que surfear siempre es mejor con otras.”

Juliana Verdenelli, Artista multidisciplinar, Doctora en Antropología Social (UNSAM y Universitat de València) y posgraduada en Danza Movimiento Terapia (CAECE). Compiladora de Ni adentro ni afuera.
Ni adentro ni afuera ya está disponible en preventa y puede retirarse durante la Feria Invierno en Mar del Plata o recibirse por correo en cualquier punto del país.
Preventa abierta
La segunda edición de Ni adentro ni afuera ya está disponible.
📖 232 páginas
💰 Precio preventa: $25.000
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Los ejemplares estarán disponibles a partir del 13 de junio.
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También podés elegir retiro gratuito en:
• Mar del Plata, durante la Feria Invierno en el Teatro Auditorium.
• La Plata, a través de la Librería Malisia.
(Toda la info completa la encontrás en el formulario: Formulario preventa)








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