«Estado de feria permanente», compilado por Daniel Badenes y Verónica Stedile Luna, propone una mirada panorámica y polifónica sobre ese sector, que se detiene en aspectos económicos y organizativos, en momentos y perspectivas del trabajo editorial que definen el catálogo, y en los ámbitos de circulación y formación de comunidades de lectura.
-¿Cómo nace la idea del libro? ¿Cuáles son las inquietudes que lo originan?
-D.B.: El libro surge como una iniciativa del equipo de investigación que integramos en la Universidad Nacional de Quilmes, donde tratamos distintas problemáticas vinculadas a la edición y en particular a la edición independiente, incluido lo problemático y escurridizo que tiene esa noción. Si bien las lógicas estandarizadas del sistema científico hoy priorizan la escritura en revistas académicas internacionales que no lee nadie, nosotres preferimos el objeto libro, sobre todo para este tipo de trabajo que tiene también un sentido de intervención, de participar de diálogos de larga data con «los actores» que son parte de este proceso. Lo que nos propusimos fue hacer un libro polifónico y panorámico que abarque distintas dimensiones: desde la cuestión económica y organizativa -la pregunta por sustentabilidad y también por las condiciones del trabajo- hasta la construcción de los catálogos, el diseño, la traducción y muchos etcéteras. Y como un aspecto medular aparece también la circulación: quiénes son les lectores y cómo es el encuentro con elles, los ciclos, los festivales, las librerías independientes, las mil y una ferias. Hay una dimensión de la sociabilidad, de la construcción de comunidades, que es parte constitutiva de estos que llamamos edición independiente.
-¿A partir de qué criterio se convoca a lxs diferentes referentes de la edición para participar?
V.S.L.: Cruzamos dos criterios. Por un lado convocar tanto a editores y editoras que, además de desarrollar una práctica específica, vienen dando discusiones y produciendo reflexiones en torno a la actividad editorial, como a investigadores sobre el tema. Por otro lado, organizamos el libro en tres ejes: la independencia como política, la edición (aspectos vinculados con les distintes actores que intervienen en la producción de un libro) y la circulación; en ese sentido, convocamos, entre lxs editorxs, a quienes han intervenido con más énfasis en uno de esos aspectos. Así, por ejemplo, las editoras de Heckt –Marilina Winik y Natalia Ortiz– vienen discutiendo hace algún tiempo la noción de “editorial feminista” y prefieren pensar en términos más amplios, menos domesticables por el mercado; esta mirada nos parecía muy singular para pensar el problema de los catálogos y a la vez expansiva en relación a otras discusiones sobre “lo independiente”. Con el mismo criterio convocamos a Néstor González de Las Cuarenta en el capítulo sobre distribución, ya que su perspectiva insiste en cambiar la idea de circulación de nuestros libros en librerías y movernos en las ciudades a donde no llegamos habitualmente con la distribución convencional. Lo mismo en torno a los respectivos temas que abordan podríamos decir de las intervenciones de Víctor Malumián, Pablo Amadeo y Matías Reck. Con respecto a quienes escriben en el libro desde una mirada de investigación, también privilegiamos la diversidad de objetos (derechos, traducción, diseño, políticas públicas, prácticas artísticas) y de instituciones de procedencia. Se trata de un libro hecho entre La Plata y Quilmes, que se origina en un proyecto de la Universidad Nacional de Quilmes, por lo tanto para nosotrxs era importante que quienes escriben en el libro representen una diversidad no centrada exclusivamente en Buenos Aires. Asimismo, decidimos convocar a investigadores e investigadoras “en formación”.

-¿En que se asemeja y en que se diferencia con Editar sin patrón, libro sobre las revistas independientes?
D.B.: En buena medida pensamos este libro como una continuidad de Editar sin patrón. Aquel también fue producto de un proyecto de investigación en la Universidad de Quilmes, donde nos propusimos sistematizar la experiencia política-profesional de las revistas culturales independientes. También estaba organizado en tres partes, pero una de ellas era un racconto histórico de largo alcance; esa es una diferencia de este libro, que se concentra en la edición contemporánea. Editar sin patrón también fue un libro polifónico, aunque tenía menos autores: éramos siete, todes investigadores y también editores o partícipes de revistas. Aquí somos 22, contando a José Luis de Diego y Alejandro Dujovne que generosamente aportaron una presentación y un epílogo. Entre los convocades, como decía Verónica, hay académicas y académicos y hay editores y editoras. Es cierto, muchos transitan entre ambas identidades, como en el libro anterior. Pero son más visibles las diferencias entre los capítulos basados en la investigación y aquellos que reflexionan desde la experiencia.
-El libro reseña 20 años de edición independiente, ¿cuáles son los principales procesos / tendencias / características / tensiones / controversias de ese período?
V.S.L: El libro da cuenta de lo dinámico del sector en los últimos 20 años, ya que explora tanto el momento de emergencia – o incluso estallido – post 2001, como el proceso de profesionalización en que se encuentran muchas de las editoriales que iniciaron su labor entonces. Otra de las tensiones que aparecen, y que se derivan de ese mismo proceso es cierta contradicción entre profesionalización y precarización: es decir, hacia dónde hemos avanzamos como trabajadores del sector. Un tercer aspecto tiene que ver con aquello que caracteriza a una editorial independiente, y en relación con eso una de las controversias que aparecen es si su singularidad tiene que ver con los capitales que la conforman, con la sociabilidad o las características de su catálogo. Sin dudas estaríamos segurxs de afirmar que la convergencia de esos tres matices (capitales plebeyos, confirmación de comunidades, y catálogos arriesgados e inventivos) son una afirmación de la independencia como política, pero no en todos los casos eso se produce así, u sin embargo seguimos utilizando el mismo término. En ese desacuerdo se instala tal vez lo más interesante de la discusión, porque es donde la idea de «independiente» o «alternativa» ya no es una categoría que se cumple, sino una lectura política de las condiciones de producción de conocimiento.

-¿Qué expectativa perciben en lxs invitadxs a participar en cuanto al cambio de gestión estatal y la posibilidad de la ley del libro?
D.B.: -El libro está escrito antes de las elecciones, así que no es un tema tan presente como la mención de los estragos que significó el macrismo en el mundo de la edición. Lo que podríamos decir de les invitades es muy genérico o a partir de charlas que se dieron fuera del libro. Sí me parece importante remarcar que, sin haber un capítulo sobre el tema, la necesidad de políticas públicas atraviesa muchos capítulos del libro. Y finalmente Alejandro Dujovne recoge esa inquietud en el epílogo, aunque no menciona específicamente el proyecto de ley del Instituto del Libro, quizá por humildad, porque él trabajó en su elaboración. Con el cambio político ese proyecto tiene posibilidades, claro. Para nosotros es mi valioso y, también, perfectible. Ojalá tenga una discusión social amplia como la que en 2009 tuvo la ley audiovisual. Creo que este libro ayuda a pensar cierta ausencia de la edición independiente en los órganos previstos por la ley, que al situar la representación en las históricas cámaras empresariales, deja afuera unas 350 editoriales independientes, autogestivas, artesanales, que no están afiliadas a la CAL y probablemente no están interesadas en hacerlo.


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