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Ariel Martínez es el traductor y escritor del prólogo de la primera edición argentina de «Feminismo de las tripas», publicado por la Serie Filosurfer. Compartimos sus conceptos sobre el libro en forma de respuestas:

¿Cuándo fue que leíste Gut Feminism y qué te provocó? ¿Cómo surge la idea de traducirlo?

Leí por primera vez Gut feminism hace 4 años, cuando me encontraba realizando un rastreo bibliográfico para organizar un grupo de lectura y estudio en torno a un foco de interés que entrecruza psicoanálisis, feminismos y teoría queer, desde aproximaciones que ponen en cuestión el lugar privilegiado del lenguaje, los discursos y la significación a la hora de pensar el cuerpo. Sin dudas me sorprendió que el libro reuniera explícitamente todos esos tópicos. Además, la perspectiva de la autora me parece creativa, provocadora, soberbia. Me causó cierto estupor sentir la agitación corporal del pensamiento, lo que no significa que el contenido del libro me parezca develador de verdades, tampoco me parece que haya que adherir a él dogmáticamente. Sólo sugiero que su aproximación especulativa hacia el carácter fantasmático de la biología nos invita a pensar el cuerpo de un modo diferente. Si al menos momentáneamente adherimos a su propuesta nos vemos empujados y forzados a repensar algunos supuestos que operan en los fundamentos de nuestras concepciones sobre el cuerpo, y su relación con la mente, y sobre la forma en que la materialidad del cuerpo queda subteorizada o demonizada al pagar el precio de concepciones sobre biología y naturaleza que solemos construir como deterministas. Este fantasma que envuelve la biología (sólo encarnada en ciertas versiones y usos de discursos en torno a la biología) ha resultado muy conveniente para delimitar el exterior constitutivo de los objetos de estudio pertenecientes a las disciplinas del sentido. La autora nos invita a pensar en los enredos entre estos órdenes. El interés despertado me encontró rodeado de muchos fragmentos traducidos como material de estudio. A pesar de no ser traductor, se me ocurrió que sería una contribución interesante en nuestro medio académico la circulación de una voz representativa de una corriente contemporánea más amplia dentro de los debates contemporáneos en el campo del feminismo. Las traducciones que no emergen de grupos de estudios preocupados por la actualización de las discusiones suelen llegar demasiado tarde.

¿Con qué libros lo emparentás? ¿Al lado de qué libros lo pondrías en la biblioteca?

Sin dudas, en términos muy generales, lo emparento con el amplio espectro de producciones sostenidas en un interés renovado en la materia. Estos nuevos materialismos feministas asumen preocupaciones ontológicas que intentan resituar la agencia de la materia, y recalibrar lo indagado en torno a ciertos tópicos desde la hegemonía académica que alcanzaron miradas posestructuralistas en las últimas décadas del siglo pasado. Creo que este libro está particularmente anudado a las ideas de Karen Barad. Pero, lo que me resulta más interesante, es que Wilson deslinda posibles aportes del psicoanálisis en torno a la actividad psíquica de la materia sin que, sorprendentemente, esto excluya la materialidad del cuerpo, ni la biología, como dominios ontológicamente diferentes a eso que llamamos mente. Otro aspecto interesante de las ideas de Wilson es que nos enfrenta con un interés sobre el cuerpo no territorializado por el dimorfismo sexual. Por lo tanto, nos deja en claro que sus ideas no pretenden operar como fundamento del orden de sexo/genero binario, cuyas violencias normativas son conocidas. Esto no es un dato menor, porque las preocupaciones ontológicas en torno a la materia siempre entrañan el riesgo de naturalizar ordenes políticos poco convenientes cuando se trata de hacer lugar a la diversidad y a la multiplicidad. Por lo tanto, me parece que es un interesante y provocativo eslabón entre los libros de feminismos queer posestructuralistas y los libros clásicos de psicoanálisis.

Ariel Martínez

¿Cómo dialoga con nuestro contexto político y académico?

Este libro nos devuelve la acuciante necesidad de atender a las realidades materiales de nuestra existencia. En plena pandemia provocada por el COVID se pone en evidencia la fragilidad de nuestras vidas, la vulnerabilidad, la precariedad. Creo que es una asignatura pendiente comenzar a intensificar el interés ya existente en los enredos entre los marcos teóricos de las humanidades y ciencias sociales, con los aportes de otras disciplinas. Afortunadamente creo que cada vez es mayor el interés por enfrentar estos enredos y, espero, también por reflexionar sobre el límite ontológico que opera por el sólo hecho de nuestra existencia material y mundana. Existe múltiple literatura actual que nos enfrenta con la preocupación de vivir en un mundo dañado y la necesidad de asumir nuestros vínculos materiales e interdependientes con él. Wilson hace un aporte al respecto.

¿Qué diferencia este libro de ciertas miradas contemporáneas new age o de autoayuda que también postulan los vínculos entre intestino y cerebro o entre salud y emociones?

Elizabeth Wilson no ofrece verdades cerradas. Aún más, nos dice que ningún remedio cura, incluso nos dice que todo remedio daña. La autora no pretende envolvernos con fantasías de purificación. El libro es una invitación a asumir la inexorable capacidad de daño que nos habita.

¿En qué te encontrás trabajando ahora? ¿Cuáles son tus próximos proyectos editoriales?

Actualmente me encuentro interesado en la forma en que el psicoanálisis tiene mucho que decir sobre la potencia disruptiva de aquellos registros corporales no reductibles al lenguaje, frecuentemente descartados por esencialistas o biologicistas. Me encuentro trabajando en dos compilaciones, junto a colegas, sobre cuerpo.

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